21 julio, 2011
Entre la eficacia y la inversión
El actual entorno económico está provocando infinidad de situaciones extremadamente complejas tanto para la empresa privada como la Administración Pública. Lo que sitúa a estos dos tipos de Organizaciones en una encrucijada difícil de resolver.
En el caso de la empresa privada, el constante equilibrio presupuestario hace que la oferta se regule de acuerdo a la demanda, y que, dependiendo del sector de que se trate, el entorno restrictivo afecte en mayor o menor medida a plantillas e inversiones, con resultados a veces dramáticos, pero sin duda, con una mayor capacidad de maniobra.
Mientras en la Administración Pública la solución es más compleja. Por un lado los ingresos disminuyen (los presupuestos son restrictivos y las Administraciones cada año reciben y recaudan menos dinero), por el otro, las necesidades sociales son cuando menos, las mismas que en años pasados, provocando un desequilibrio difícil de resolver.
Como es normal, la sociedad está acostumbrada a un nivel de servicios propio de las épocas de bonanza, a pesar de que los recursos necesarios para la prestación de los mismos hayan disminuido. Es en este contexto cuando el concepto y la figura del gestor toman una relevancia clave. Mientras los recursos son abundantes gestionar es fácil, pero supone un verdadero ejercicio de malabarismo hacerlo cuando estos son insuficientes para cubrir la demanda.


